Narras tú.
Saber que estaba sola con él, en su casa me producía un cosquilleo en el estomago. Eran otra vez las malditas mariposas.
-Voy arriba a buscarte algo que te pongas – me dijo con esa sonrisa, que le ocupaba toda la cara.
-Voy contigo- tenia curiosidad por ver su habitación.
Me dio su mano, y subimos arriba. La casa es igual que la de mama; pensé. Obviamente, no tenía la misma decoración, pero en la estructura era idéntica.
-Dudo mucho que mi ropa te vaya bien - dijo Justin, irrumpiendo en mis pensamientos.
-Da igual, seguro que me quedara mejor. – reí.
Llegamos a su habitación. Era grande, y estaba decorada con muy buen gusto. La cama era gigante, más que la mía. Tenía estanterías repletas de libros, me paré a mirarlos; La huésped, los juegos del Hambre, la sombra del viento… Justin tenía un gusto parecido al mío en términos de literatura. En el escritorio, tenía varias fotos y un gigantesco Mac. Pero destacaba una cosa por encima de todo; un piano de cola negro, se hallaba en la esquina de la habitación. Se notaba que en su casa no iban justos de dinero.
Justin abrió el armario, para buscar algo que prestarme. Confirmado. A Justin el dinero le sobraba. Tenía pares de Supra, de todos los colores. Camisetas de primeras marcas. Y de pantalones y sudaderas, no le faltaban. Lo tenía todo perfectamente ordenado por colores. Me quede boquiabierta. Y después dice que soy una niña de papa; pensé.
-A ver… Toma – me dijo, evitando reír – es lo único que te puedo dejar.
Tenía en manos una camiseta de color gris, donde se podía leer: “YMCMB”.
-Vale, gracias… - dije, sin apartar la mirada de la camiseta.
-Ven, ahora te busco unos pantalones de Selena, porque los míos no te irán bien. – dijo riendo.
-¿No le importara a Selena? – me preocupaba, que Justin se metiera en alguna discusión con Selena, por mi culpa.
-A Selena, la ropa le sobra. Créeme, seguramente no se dará cuenta. – Me ofreció su mano – ven, no te preocupes.
Entramos a la habitación de al lado. Tampoco se quedaba corta. Era enorme con una cama gigantesca, y estaba pintada con un morado muy claro. Lo que más destacaba era el armario. Básicamente, porque era un vestidor.
-Vaya. – dije alucinando.
Justin empezó a reír.
-Ya te dije que a Selena la ropa le sobraba.
Justin empezó a buscar, pero no encontró nada.
-Ayúdame, que yo no tengo ni idea. Coge tu algo. – dijo pasándose la mano, por el pelo.
Cogí lo primero que vi. Unos leggins negros.
-Coge una camiseta suya, te ira mejor que la mía.
-No. Quiero ponerme tu camiseta. – dije subiéndome a su espalda.
-Estas mojado, tu también debes cambiarte. – le dije al oído.
-No te quejes tanto – me miro y empezó a reír.
Baje de su espalda, y cogí la ropa.
-¿Donde me cambio?- pregunté, mirando la habitación.
- Aquí. ¿No te gusta mi habitación?
- A mi me parece bien. – le sonreí.
Justin se sentó en la cama, mirándome.
-Justin, cariño… Me tengo que cambiar.
-Vale, hazlo – dijo poniéndose cómodo.
- ¿Intentas que me cambie delante de ti? No lo vas a conseguir, a si que no te esfuerces. – me levante, y me puse al lado de la puerta.
-Pues que pena. – Dijo levantándose – voy a ducharme.
Se acerco a mí, y me besó.
-¿Quieres venir conmigo? – me susurro, sin soltarme.
-Pervertido – le di una palmada en la cara.
Escuche como se fue riéndose a grandes carcajadas, hacia la ducha.
Me cambie rápidamente, y puse mi ropa a secar en el balcón. La camiseta que me había dejado, contenía su aroma. Esa camiseta, me la iba a quedar. Le gustase o no. Mire si el coche mamá estaba. Aun no ha llegado; pensé.
Empecé a mirar la habitación de Justin. En la mesita tenía un libro, y encima una foto. Era su familia; Su padre, su madre, él, y la chica morena debía de ser Selena. Qué guapa; pensé. Deje la foto, y me senté en su cama. Observe la habitación durante dos minutos, en silencio. Cuando vi el piano, no pude evitar levantarme.
De pequeña, había dado clases de piano. Lo tuve que dejar, por falta de tiempo. Me senté enfrente a él, y empecé a tocar. Era la melodía que mi abuela me enseñaba a tocar, cuando aún era pequeña.
Narra Justin.
Salí de la ducha, y escuché una melodía. Era impresionante. En mi vida, había escuchado algo igual. Me dirigí a mi habitación sin hacer ruido. Abrí la puerta lentamente, y confirme lo que ya sabía. Era ella. ______ estaba tocando una de las melodías más preciosas, que en mi vida había llegado a escuchar. Cerré la puerta, y me apoye en ella, sin que _______ me viera. No quería molestarla. Tocaba con sentimiento, y eso era algo que la hacía ser más única. Cada segundo que pasaba con ella, me hacia confirmar que era la chica de mis sueños. Ella era la única que podía hacerme feliz, con solo su sonrisa. ______ acabo de tocar, y yo empecé a aplaudir. Se giro, y pude ver como en sus ojos habían lagrimas. Fui hacia ella y la abracé. De repente empezó a llorar desconsoladamente.
-Eh, ya está. Venga ______, enséñame esa sonrisa tan bonita que tienes.
Hizo un intento de sonrisa, pero por lo menos paró de llorar.
-Lo siento…. No quería…. Lo siento.
-¿Por qué lloras?- le pregunté, sentándome a su lado.
- Te sonara estúpido. Esa melodía, era la que me enseño a tocar mi abuela, por primera vez en el piano. Y me recuerda a ella.
-Nada de lo que digas tú, me parece estúpido. Créeme. – le di un beso en la frente, y la abrace.
Narras tú.
Él. Él, era la única persona en este planeta que me hacia feliz, con solo pronunciar mi nombre. Mi razón, por la cual cada vez que escucho su nombre, me sale una sonrisa tonta. Él, era la única persona que me hacía sentir querida. Estaba más tranquila, y
era gracias a él.
-¿Tienes hambre?- preguntó levantándose.
-La verdad, es que tengo un poco, si. – no me había percatado de que Justin iba sin camiseta.
-¿No tienes camisetas? – empecé a reírme.
-Eh, si ya sé que te gusta verme sin camiseta. – me dijo acercándome a él.
-Mentira. – susurré, agachando la cabeza.
-Eres preciosa. ¿Lo sabías? – me dijo, levantándome la cabeza con el dedo índice.
No le conteste. Simplemente, le bese.
-Vamos a bajo a comer algo. Ven. – me dijo, separándose de mí.
Él iba delante de mí, así que me volví a subir a su espalda. Nada me tranquilizaba más, que poder estar con él.
Llegamos a la cocina, y me baje de él. Me senté en un taburete, cerca de la mesa.
-Yo cocino, tú te quedas aquí quieta. – dijo, cogiendo una sartén.
-Hecho.
Justin dejo el móvil en la encimera, al lado del mío. Mi blackberry estaba hecha mierda ya la pobre. Había sufrido tanto. A diferencia de él, su móvil estaba perfecto. Tenía un Iphone. Empecé a cotillearle el móvil, mientras el preparaba la cena. Le mire de todo, hasta que me arrepentí. Había visto algo, que no tenía que haber visto…

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